¿De dónde nace la superioridad entre un jugador y otro?
En el fútbol de cualquier
competición y cualquier nivel hay una distancia que un jugador tiene con sus
rivales a nivel físico, técnico, táctico y emocional. Si cada jugador fuera
puntuado en las capacidades motrices (resistencia, fuerza, velocidad y
flexibilidad) no habría entre sí tanta diferencia como al incluir las
perceptivo-motrices (coordinación y equilibrio) y su relación con la técnica.
La técnica, o el control del balón, es la que define cuál o cuáles de estas
capacidades prevalece por sobre la otra. ¿De qué manera se mide este fenómeno?
El resultado de la acción.
Un jugador refleja su
nivel con el resultado de cada una de sus acciones a través de la técnica
empleada. “Si yo soy más lento que vos
pero tengo la iniciativa, es mi control del balón lo que va a definir si ésta
se convierte en ventaja o no”.
Hay momentos que sólo puede regalar la
técnica y son inevitables.
De manera inversa, no existiría
el anticipo si no existiera un mal control. No es por quitar mérito al marcador, por el contrario, ir en busca del balón con la determinación que requiere un anticipo necesita de mucha valentía. Sobre todo si hablamos en el primer nivel. Aclarado esto podemos ahondar un poco más y decir que el marcador también debe decidir y medir correctamente la situación de juego. ¿Qué implica esto? Qué tan bueno o qué tan malo sea el nivel de anticipo de un jugador será medido en el resultado de la acción. Si va 10 veces a anticipar y recupera 2, 4 no logra hacerlo y las 4 restantes lo superan aprovechando el espacio a su espalda, probablemente no sea un experto en esta área. Por supuesto que hay más variables a tener en cuenta: zona del campo, nivel del rival, compañeros listos para realizar la cobertura, etc. Para matizar la estadística anterior: si un defensor intenta anticipar a Messi en campo rival 5 veces recuperando sólo un balón pero en las 4 restantes siempre hubo un compañero detrás para evitar una posible progresión, es casi seguro que estamos observando a un marcador con un buen nivel de anticipo.
Volviendo al tema que nos ocupa hoy dijimos que las capacidades físicas son utilizadas a través de la técnica para intentar superar al rival. Alguien podría decir: "No tiene sentido que intente superar a un defensor más rápido con un dribbling largo" y es probable que tenga razón. Pero el fútbol tiene tantas variables que permanentemente conspiran contra estas afirmaciones que no se puede evitar suponer que hay excepciones. Para buscar una respuesta recurramos a otro deporte: el judo.
"Un judoca debe ceder a la fuerza de su oponente conforme si se es empujado o traído, ya que, al obrar así, no solamente se anula el esfuerzo contrario y se optimiza el gasto de la propia energía, sino que facilita más la conservación del equilibrio de lo que se lograría al ofrecer resistencia, al tiempo que se debilita el equilibrio del oponente. En una palabra, es la manera de aceptar las cosas según se presentan para cambiarlas ventajosamente"
Este concepto tomado de un arte marcial se ve una y otra vez en el fútbol. Volviendo al ejemplo anterior, la velocidad del defensor puede ser una desventaja si nuestra acción así la convierte. Esto dependerá del nivel del jugador. Para cerrar este artículo pongo a disposición un video y una imagen de un futbolista que, al igual que muchísimos otros, permanentemente saca ventajas en el juego sin ser el más rápido, fuerte o ágil de los 22 hombres en cancha. Con ustedes, Robin Van Persie:
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| Un espejo de la imagen de Bergkamp, no? |


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